Esta semana lanzamos la nueva revista Ideas, el House Organ de Santander Río, a partir de ahora en formato online. Una decisión muy importante del banco, que busca alinear todas sus comunicaciones dentro de un paradigma de sustentabilidad (eficiencia, innovación y cuidado del medio ambiente).
Más allá del cambio en sí, que tiene sus razones y todas muy consistentes, trabajar en este proyecto nos llevó a plantearnos qué se entiende por una revista digital o, en tal caso, a preguntarnos si es posible hablar de la revista digital.
Y la verdad es que cuando uno deja atrás las primeras reacciones y prejuicios propios de este tipo de proyectos (Ej.: no debería verse igual a la impresa, si tiene comentarios no es una revista), se encuentra con problemas de un segundo orden de complejidad, bastante más difíciles de resolver.
Entonces surge uno de los principales desafíos (quizá uno de los más significativos junto al de los modelos de distribución de estos contenidos), sobre el cual se debate el futuro del medio: la experiencia de empaquetar.
Todos, de una u otra forma hemos salido en busca de esa experiencia cuando pensamos una revista digital. Lo ha hecho el papel digital, de la mano de soluciones como Issu, duramente cuestionado y a la vez adorado por tantos. Y, últimamente, dos casos que sorprenden por lo austero y por lo deslumbrante de sus apuestas.
Las "photo stories" al estilo de Pictory, aportan esa visualidad propia de los reportajes, mezclada con la secuencialidad de una navegación que casi podríamos definir como “página a página”. Ya tienen sus fans recalcitrantes y una predicción, para nuestro gusto, algo sobredimensionada.
En la otra esquina, en la más absoluta convergencia, se recrea como principio de navegación un modelo de hub (sumario), desde el cual es posible navegar el contenido, a través de múltiples formatos rich media. La gran promesa (hoy es apenas una demo o un ejercicio inspiracional) de la mano de los tablets, y en especial del reciente lanzamiento del Ipad.
Si bien el sentido común lleva a pensar que este último modelo es el camino que están insinuando las grandes publicaciones, está claro que cada uno tiene algo diferente para dar; a su vez, ninguno puede vanagloriarse de haber reemplazado a la revista tal como la conocemos. Y quizás esto tampoco ocurra nunca, si aceptamos que el papel implica una puesta sensorial completamente diferente a la de un medio digital.
Conversaciones, disquisiciones, promesas. La revista online aún no tiene nombre y apellido. Aunque cause cierta gracia notar que unos cuantos años y avances después, sigue siendo el dedo el que da vuelta la página:
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