Dicen que este es el año de los e-books y que las ventas de libros electrónicos van a dispararse. Según el suplemento de cultura ADN, “En su primera semana, el último volumen de la trilogía Millennium vendió 125.000 e-books y unos 300.000 libros físicos”. El buen momento que están atravesando las ventas de lectores como el Ipad, el Kindle de Amazon o el Nook de Barnes and Noble, lo prueban.
La industria de la música ya vivió esta suerte de profecía. Mantra -entre apocalítptico y tecnófilo- que hoy se empeña en reemplazar la palabra “discos” por “libros” para escribir su nueva promesa: “Los libros van a desaparecer.”
Ommmmmmmm… Pero sabemos que el libro impreso tiene una “mística” especial, una particular experiencia de lectura que su versión digital no puede –podrá?– equiparar. Leer un libro es adentrarse en un mundo de palabras, imágenes, aromas y texturas; y en pequeños detalles de encuadernación o de impresión que acompañan y refuerzan el sentido de la historia.
Esta experiencia de lectura es aún más solemne en los libros de colección; piezas de arte o de artesanía, en la que detalles y gestos gráficos, visuales y textuales, se combinan para componer un sentido superior. Y ahí sí no hay plan B: son libros para tocar, respirar y volver a tocar.
Ver, leer, oler, tocar
Taschen podría ser algo así como la matriz de este universo editorial y, su último gran experimento, una muestra clara de lo que podría llamarse un libro de colección. El Vintage Art Edition, de Pucci, es una edición limitada de 500 copias, encuadernadas con una tela original de Pucci y contenida en una caja de acrílico especialmente diseñada. Además de contar con la firma de la hija del diseñador, la pieza viene acompañada de cuatro dibujos del artista.
La tecnología aplicada evoluciona en diferentes direcciones. En los últimos años se evidencia una tendencia creciente hacia el uso de la ingeniería en papel para alcanzar piezas de mayor impacto y originalidad. En esta búsqueda, dos libros de edición reciente, uno estadounidense y el otro argentino, hacen uso de la técnica del pop up.
Para su número 55, la publicación de arte y moda Visionaire, encargó al famoso ingeniero de papel Bruce Foster un número dedicado al pop-up. Visionaire 55: Sorpresa, presenta 12 libros de tapa dura pop-up, con proyectos de Steven Meisel, Mario Testino, Steven Klein, Sophie Calle, Andreas Gursky, Cai Guo Qiang, Mocafico Guido, Sundsb0 S0lve, Yayoi Kusama, Gareth Pugh y Alasdair McLellan. Juntos, los folios emergentes se encuentran en un contenedor de cubierta de tela con cierre de imán y una placa de metal grabado.
Por su parte, la Bodega Chandon con motivo de la conmemoración de su 50° aniversario en la Argentina, decidió elaborar un libro que transmita el espíritu de la marca. Celebración es una obra artesanal en la que se unen la ingeniería del papel y el arte fotográfico tridimensional.
Participar de la producción de un libro que es concebido como una pieza artística no es cosa de todos los días. Ese lujo o suerte, nos tocó de cerca cuando Hugo Diamante, dueño de la bodega Kiss Tango, decidió emprender el camino que terminó hace pocos días con la publicación de The Rouge Book Kiss Tango.
Un volumen armado con procesos únicos, cosido a mano, repleto de texturas, calados, figuras, lacas y relieves que invitan a leer, mirar, oler pero sobre todo, a tocar. Y entonces si, uno comprueba como aquello que se pierde en un display se enaltece en un papel.
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